Plano pecho de un niño morocho que aspira pegamento en las cercanías de la estación Retiro.Otro pibe que está al lado habla y explica que ellos son los pobres y eso es todo lo que tienen: la calle y la droga. Cada uno cuenta su historia personal, no varían mucho en desamparo, padres golpeadores, familias deshechas por la miseria. No tienen más de doce años y hablan con dificultad, con lentitud (signo de los daños irremediables que les han producido las drogas).El chiquilín de flequillo, sin embargo, no calla nada y con lucidez inesperada habla de la fatalidad de nacer pobres y de cómo los ricos tampoco hicieron nada para merecerlo, sólo tuvieron la suerte de nacer en esa cuna para luego gastar su dinero en hoteles como el Sheraton(la ostentación vista desde...)
Mientras otro chiquito, de aproximadamente nueve años, “jala" de una bolsa amarilla, el que habla cuenta ahora como viven gracias a los robos y los demás lo admiten con la cabeza.
Pensé en ese niño que hablaba, quizás si con los años la droga no inutilizaba por completo sus neuronas podría llegar a ser alguna clase de líder de marginados, con ese análisis asombroso por su lucidez, y carente de odio...pero el bloque terminó con una leyenda cursi al estilo:” y volvieron a su sitio...la calle, en silencio...etc.” Los ojos azules del conductor de televisión que actuaba en “Montaña Rusa” se llenaron de lágrimas y la cámara mostró , como distraídamente, su remera del EZLN que trajo en su viaje a México para el informe de la semana anterior. La misma que llevaría puesta a la entrega de los premios de la MTV.
Llegaron las publicidades con mujeres de bocas enormes, con dientes relucientes, y en la pensión el zapping puso antes de que reaccionáramos, el drama de un cura acosado por dos mujeres.
martes, 28 de julio de 2009
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